ALGUIEN QUE NO TOCÓ LA VIDA
A Miguel Abuelo
..."en la obscuridad del escenario, el último
aplauso, hace de la muerte, un pájaro más"...
Mientras vivíamos entre las aguas, movimientos marítimos
disimularon la herida mortal.
Ïbamos perdiendo sangre lentamente, sangre inadvertida.
Nos contábamos cuentos, y hablábamos siempre de nosotros dos,
éramos soberbios.
Cuando yo volvía a imaginar lejano nuestro oleaje embravecido,
me encontraba con encarnizados y hambrientos tiburones, que
sorprendidos por la sirenita, prometían no atacarla.
Ël, enfurecido, me hablaba de otros aires, corrientes de lenguajes
primitivos.
Toda su vida eran superficies y alrededores.
Nos unía un deseo desesperado, un amor imposible de ubicar
en el tiempo.
Nos besábamos porque sí, y hacíamos el amor sin motivos.
Ël era alguien que no tocó la vida, yo un inexplicable.
Amábamos la unidad de todos los encuentros.
Videncia lúdica construyendo los avatares del espejo.
Esencia creando climas para otras supervivencias.
LUCIA SERRANO - del libro "BLUES PARA LA CORONA"
viernes, 21 de marzo de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
EL DESAMPARO JUNTO A UN MURO
Furtiva pureza contra las piedras del muro.
oculta en la sombra.
Atraídos por sus besos
los blancos demonios de los paraísos del infierno
lanzan sobre ella su lengua arrojadiza
con promesas que no cumplirán nunca.
la ciegan con relámpagos, ansiedades.
paisajes errantes de la vagina
en una niebla de pantanos poblada de iguanas
Ella tiembla con su rápida boca
y en sus sueños
entreabre el jardín de sus rodillas.
sus legendarios pezones resplandecen
en las colinas del verano. Ella arrastra.
la estrangula en una ardiente liturgia.
le arranca la ropa, gime por una gracia de amor,
la azota con furia, la rapta
en una oscilante piragua y el susurro del follaje
vapor de aliento, locura.
La Encantadora de Serpientes es ella.
canta en la arena
seducida por borrachos y vendedores de helados.
Amor mío, amor mío.
pero sólo una... piedras inhóspitas y la casa
se alza en un espejismo color de brasa y leche.
el dulce techo no existe. ni la lámpara
cuando ella le clava los dientes y él aúlla
entre las fibras de su médula, congestionado.
aunque en verdad
sólo dialogan con ternura en praderas flotantes.
no palabras sino un ligero fulgor en los labios.
Pero no junto al muro sino en el espacio insensato.
más allá
del Cabo de las Tormentas y el Golfo de Sumatra.
en la irrealizable ansiedad de sus almas.
Amor mío, amor mío, el humo del asado
ha invadido la casa, envuelve los cuerpos.
y tan poderoso sol en el vino y la harina.
así estaremos un día en la creación del mundo.
Ambos están revestidos por una especie de plumaje erizado.
pero en la calle sólo hay garras.
y esa pareja
comunicándose a través de sus ramificaciones nerviosas en cada uno de cuyos extremos
arde una chispa sofocada
en pos de ese lecho fantasma que alza su
arboladura a través de los mares
con la doncella ruborosa saltando en la fiebre.
y él la besa
sobre la hierba del bosque donde ella ha caído.
porque viajan en trenes, que rugen en lugares
volcánicos.
poblados de cactus, corriendo y corriendo
en el viento de la luna.
en semejante noche en tales patíbulos donde el
condenado
muere de placer en un trono de fuego.
Amor mío, ésta es una sonata en la calle
donde braman los ómnibus,
pero el ronco soplido de la marea está aquí,
y el tribunal de desnudas verdugas con altas botas
negras
y un látigo en la mano, las furias,
porque de todo amor nace un relámpago inconcluso.
En tales circunstancias
la mutua seducción de esas enamoradas criaturas
es sólo realidad en la carencia.
en el aire regido por los dioses.
y siempre faltará algo en la vocación de todo sueño
nacido de la tierra,
un gesto, un aleteo.
y el destello de la presencia total
con la imposible gloria de Sodoma y Gomorra cada
vez más espléndida
en la desamparada callejuela donde, contra el muro.
un pareja se desvanece en el aire in socorro
en una interminable cacería.
ENRIQUE MOLINA
jueves, 6 de marzo de 2014
Primera carta conyugal- Antonin Artaud

Cada una de tus cartas aumenta la incomprensión y la estrechez de espíritu de las anteriores; juzgas con tu sexo y no con tu pensamiento como lo hacen todas las mujeres. Confundirme yo, con tus razones. ¡Te burlas! Pero lo que me irritaba era verte volver sobre las razones que hacían tabla rasa sobre mis razonamientos, cuando uno de esos mismos te había llevado a la evidencia.
Todos tus razonamientos y tus infinitas disputas no podrán impedir que no sepas nada de mi vida y que me condenes por un mínimo fragmento de ella misma. No debería siquiera serme necesario justificarme ante ti si sólo fueras, tú misma, una mujer prudente y equilibrada, pero tu imaginación te enloquece, una sensibilidad sobre aguda que no te permite enfrentar la verdad. Contigo cualquier discusión es imposible.
Sólo me queda decirte una cosa: mi espíritu siempre fue confuso, un achatamiento del cuerpo y del alma, esa suerte de contracción de todos mis nervios. Si me hubieras visto hace algunos años, por períodos más o menos cercanos, antes aún de que en mi se sospechara el uso del que tú me recriminas, dejarías de extrañarte, ahora, del retorno de esos fenómenos.
Si por otra parte estás convencida, si te parece que su reincidencia se debe a ello, entonces no hay nada que decir, contra un sentimiento no se puede luchar.
De cualquier manera ya no puedo contar contigo en mi angustia, ya que te niegas a ocuparte de la parte de mí más afectada: mi alma.
No me has juzgado, por otra parte, nunca de otra manera que por mi aspecto externo como hacen todas las mujeres, como hacen todos los imbéciles, cuando lo que está más destruido, más arruinado es mi alma interior; y no puedo perdonarte eso, pues las dos no siempre coinciden, desafortunadamente para mí. En cuanto a lo demás, te prohibo hablar otra vez.
domingo, 2 de marzo de 2014
LAMENTACIÓN
Sueño y muerte. Las águilas tenebrosas,
se abaten, toda la noche, sobre esta cabeza:
la imagen áurea de los hombres,
podría ser devorada por la gélida ola
de la eternidad. Contra horribles arrecifes
se hace añicos el cuerpo púrpura.
Y la voz oscura se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tempestuosa melancolía
mira: un bote receloso se hunde
bajo las estrellas,
bajo la cara silenciosa de la noche.
GEORG TRAKL (1887-1914)
Sueño y muerte. Las águilas tenebrosas,
se abaten, toda la noche, sobre esta cabeza:
la imagen áurea de los hombres,
podría ser devorada por la gélida ola
de la eternidad. Contra horribles arrecifes
se hace añicos el cuerpo púrpura.
Y la voz oscura se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tempestuosa melancolía
mira: un bote receloso se hunde
bajo las estrellas,
bajo la cara silenciosa de la noche.
GEORG TRAKL (1887-1914)
lunes, 24 de febrero de 2014
Marguerite Yourcenar (1903/ 1987 )
Aquellos que nos esperan...
Aquellos que nos esperan, están hartos de esperarnos,
y están muertos sin saber que nosotros iremos
a cerrarles los brazos que ellos no pueden tender,
nos legan un remordimiento a cambio de un recuerdo.
Los ruegos, las flores, el más tierno de los gestos
son los presentes tardíos que no se pueden bendecir;
los vivos y los muertos no nos entendemos;
la muerte, cuando viene, nos reúne sin unirnos.
Nosotros no conocemos la dulzura de sus tumbas
nuestros gritos, lanzados muy tarde, se fatigan, se caen
penetran sin eco la eternidad sorda;
y los muertos desdeñosos, forzados a callarse,
no nos escuchan en el umbral negro del misterio,
llorar por un amor que no existió jamás.
Aquellos que nos esperan, están hartos de esperarnos,
y están muertos sin saber que nosotros iremos
a cerrarles los brazos que ellos no pueden tender,
nos legan un remordimiento a cambio de un recuerdo.
Los ruegos, las flores, el más tierno de los gestos
son los presentes tardíos que no se pueden bendecir;
los vivos y los muertos no nos entendemos;
la muerte, cuando viene, nos reúne sin unirnos.
Nosotros no conocemos la dulzura de sus tumbas
nuestros gritos, lanzados muy tarde, se fatigan, se caen
penetran sin eco la eternidad sorda;
y los muertos desdeñosos, forzados a callarse,
no nos escuchan en el umbral negro del misterio,
llorar por un amor que no existió jamás.
viernes, 21 de febrero de 2014
DAME TU LIBERTAD
Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar, la turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar, la turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
PEDRO SALINAS
jueves, 20 de febrero de 2014
OLGA OROZCO
VARIACIONES SOBRE El TIEMPO
Tiempo:
te has vestido con la piel carcomida del último profeta;
te has gastado la cara hasta la extrema palidez;
te has puesto una corona hecha de espejos rotos y
[lluviosos jirones,
y salmodias ahora el balbuceo del porvenir con las
[desenterradas melodías de antaño,
mientras vagas en sombras por tu hambriento escorial,
[como los reyes locos.
No me importan ya nada todos tus desvaríos de
[fantasma inconcluso,
miserable anfitrión.
Puedes roer los huesos de las grandes promesas en
[sus desvencijados catafalcos
o paladear el áspero brebaje que rezuman las
[decapitaciones.
Y aún no habrá bastante,
hasta que no devores con tu corte goyesca la molienda
[final.
Nunca se acompasaron nuestros pasos en estos
[entrecruzados laberintos.
Ni siquiera al comienzo,
cuando me conducías de la mano por el bosque
[embrujado
y me obligabas a correr sin aliento detrás de aquella
[torre inalcanzable
o a descubrir siempre la misma almendra con su oscuro
[sabor de miedo y de inocencia.
¡Ah, tu plumaje azul brillando entre las ramas!
No pude embalsamarte ni conseguí extraer tu corazón
[como una manzana de oro.
Demasiado apremiante,
fuiste después el látigo que azuza,
el cochero imperial arrollándome entre Ias patas de sus bestias.
Demasiado apremiante
me condenaste a ser el rehén ignorado,
la víctima sepultada hasta los hombros entre siglos de
[arena.
Hemos luchado a veces cuerpo a cuerpo.
Nos hemos disputado como fieras cada porción de
[amor,
cada pacto firmado con la tinta que fraguas en alguna
[instantánea eternidad.
cada rostro esculpido en la inconstancia de las nubes
[viajeras,
cada casa erigida en la corriente que no vuelve.
Lograste arrebatarme uno por uno esos desmenuzados
[fragmentos de mis templos
No vacíes la bolsa.
No exhibas; tus trofeos.
No relates de nuevo tus hazañas de vergonzoso
[gladiador en las desmesuradas galerías del eco.
Tampoco yo te concedí una tregua.
Violé tus estatutos
Forcé tus cerraduras y subí a los graneros que
[denominan porvenir.
Hice una sola hoguera con todas tus edades.
Te volví del revés igual que a un maleficio que se
[quiebra.
o mezcle tus recintos como en un anagrama cuyas
[Ietras truecan el orden y cambian el sentido.
Te condensé hasta el punto de una burbuja inmóvil,
opaca, prisionera en mis vidriosos cielos.
Estiré tu piel seca en Ieguas de memoria,
hasta que la horadaron los pálidos agujeros del olvido.
Algún golpe de dados le hizo vacilar sobre el vacío
[inmenso entre dos horas.
Hemos llegado lejos en este juego atroz,
[acorralándonos el alma.
Se que no habrá descanso,
y no me tientas, no, con dejarme invadir por la plácida
[sombra, de los vegetales centenarios,
aunque de nada me valga estar en guardia,
aunque al final de todo estés de pie, recibiendo tu paga,
el mezquino soborno que acuñan en tu honor las
[roncas maquinarias de la muerte,
mercenario.
Y no escribas entonces en las fronteras blancas
["nunca más"
con tu mano ignorante,
como si fueras algún dios de Dios,
un guardián anterior, el amo de ti mismo en otro tú que
[colma las tinieblas.
Tal vez seas apenas la sombra más infiel de alguno
[de sus perros.
VARIACIONES SOBRE El TIEMPO
Tiempo:
te has vestido con la piel carcomida del último profeta;
te has gastado la cara hasta la extrema palidez;
te has puesto una corona hecha de espejos rotos y
[lluviosos jirones,
y salmodias ahora el balbuceo del porvenir con las
[desenterradas melodías de antaño,
mientras vagas en sombras por tu hambriento escorial,
[como los reyes locos.
No me importan ya nada todos tus desvaríos de
[fantasma inconcluso,
miserable anfitrión.
Puedes roer los huesos de las grandes promesas en
[sus desvencijados catafalcos
o paladear el áspero brebaje que rezuman las
[decapitaciones.
Y aún no habrá bastante,
hasta que no devores con tu corte goyesca la molienda
[final.
Nunca se acompasaron nuestros pasos en estos
[entrecruzados laberintos.
Ni siquiera al comienzo,
cuando me conducías de la mano por el bosque
[embrujado
y me obligabas a correr sin aliento detrás de aquella
[torre inalcanzable
o a descubrir siempre la misma almendra con su oscuro
[sabor de miedo y de inocencia.
¡Ah, tu plumaje azul brillando entre las ramas!
No pude embalsamarte ni conseguí extraer tu corazón
[como una manzana de oro.
Demasiado apremiante,
fuiste después el látigo que azuza,
el cochero imperial arrollándome entre Ias patas de sus bestias.
Demasiado apremiante
me condenaste a ser el rehén ignorado,
la víctima sepultada hasta los hombros entre siglos de
[arena.
Hemos luchado a veces cuerpo a cuerpo.
Nos hemos disputado como fieras cada porción de
[amor,
cada pacto firmado con la tinta que fraguas en alguna
[instantánea eternidad.
cada rostro esculpido en la inconstancia de las nubes
[viajeras,
cada casa erigida en la corriente que no vuelve.
Lograste arrebatarme uno por uno esos desmenuzados
[fragmentos de mis templos
No vacíes la bolsa.
No exhibas; tus trofeos.
No relates de nuevo tus hazañas de vergonzoso
[gladiador en las desmesuradas galerías del eco.
Tampoco yo te concedí una tregua.
Violé tus estatutos
Forcé tus cerraduras y subí a los graneros que
[denominan porvenir.
Hice una sola hoguera con todas tus edades.
Te volví del revés igual que a un maleficio que se
[quiebra.
o mezcle tus recintos como en un anagrama cuyas
[Ietras truecan el orden y cambian el sentido.
Te condensé hasta el punto de una burbuja inmóvil,
opaca, prisionera en mis vidriosos cielos.
Estiré tu piel seca en Ieguas de memoria,
hasta que la horadaron los pálidos agujeros del olvido.
Algún golpe de dados le hizo vacilar sobre el vacío
[inmenso entre dos horas.
Hemos llegado lejos en este juego atroz,
[acorralándonos el alma.
Se que no habrá descanso,
y no me tientas, no, con dejarme invadir por la plácida
[sombra, de los vegetales centenarios,
aunque de nada me valga estar en guardia,
aunque al final de todo estés de pie, recibiendo tu paga,
el mezquino soborno que acuñan en tu honor las
[roncas maquinarias de la muerte,
mercenario.
Y no escribas entonces en las fronteras blancas
["nunca más"
con tu mano ignorante,
como si fueras algún dios de Dios,
un guardián anterior, el amo de ti mismo en otro tú que
[colma las tinieblas.
Tal vez seas apenas la sombra más infiel de alguno
[de sus perros.
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